CONDUCE: Matilde Burgos
CNN Íntimo: Sara Nieto
Uruguaya y radicada en Chile desde hace 45 años, Sara Nieto reconstruye una vida entera dedicada al ballet. Recuerda su despedida de los escenarios en noviembre de 1997 en el Municipal, donde Iván Nagy organizó un homenaje en que todos los trabajadores del teatro subieron al escenario a entregarle una flor, y la segunda despedida dos semanas más tarde en Montevideo, con el presidente Sanguinetti entre el público. Cuenta que retirarse fue una decisión y no una imposición del cuerpo, aunque los últimos años bailaba con inyecciones a las ocho de la mañana los días de función. Habla de los comienzos improbables: su madre la llevó a la única escuela de ballet que había en Uruguay cuando tenía tres años, buscando que tuviera contacto con otros niños; del libro que le pidió a los ocho años y que la dejó enamorada de un mundo del que casi no llegaba información; del Bolshoi como horizonte; y de la oferta que la trajo a Chile en 1980 como primera bailarina, cuando ella era, dice, muy casera y le costó dejar su casa. Recuerda también una época en que el ballet se transmitía por televisión abierta y tenía alto rating, con funciones que marcaron a una generación. La segunda parte del episodio está en el presente: la escuela, la compañía profesional asociada al Teatro Nescafé de las Artes con dos temporadas al año, las audiciones para encontrar bailarines nuevos, las coreografías que idea incluso en vacaciones ajustándose a las habilidades de cada intérprete, y la exigencia de poder mostrar en la barra lo mismo que les pide a sus alumnos. En el camino aparece su diagnóstico sobre las pocas plazas estables que ofrece el circuito chileno para una carrera de bailarín, y sobre lo que el público realmente espera de un intérprete: no los giros ni los saltos, sino que le transmita un sentimiento verdadero.