CONDUCE: Matilde Burgos
Alejandro “Mono” González: Arte, memoria y resistencia en los muros | CNN Íntimo
A los 78 años, González lee su premio no como un reconocimiento personal sino a una cultura hecha desde los territorios, de abajo hacia arriba, en las poblaciones de Chile y del resto de América Latina. Define el muralismo como la ocupación de los muros del espacio público para producir un diálogo, una iconografía y una textura que registran el día a día: lo que se sueña, lo que se denuncia, lo que se recuerda. Si existiera un registro de todos esos murales, dice, tendríamos la historia viva del país. Cuenta el origen de su apodo —es hiperkinético desde niño, subiendo y bajando andamios, escaleras y árboles— y hace una confesión que atraviesa el capítulo: nunca se consideró bueno para dibujar, en su casa preferían que dibujara su hermano, y esa imperfección le dio carácter y estilo, porque las dificultades son las que lo obligaron a avanzar. Reconstruye la fundación de las brigadas en 1967 y 1968 desde la militancia comunista, recuerda a compañeros de esa fundación que ya no están, y observa que mientras ellos pintaban en las calles chilenas, sin saberlo, en San Francisco empezaba el grafiti sobre los trenes. Habla del vínculo con la academia que le permitió entender lo que estaban haciendo —Balmes, Guillermo Núñez, y sobre todo Miguel Rojas Mix, director del Instituto de Arte Latinoamericano de la Universidad de Chile—, de su regreso a la universidad en 1983 y 1984, cuando las protestas y la militancia le impidieron terminar, y del mural que pintó junto a Roberto Matta en 1971, hoy restaurado y parte del patrimonio nacional. Cierra con la invitación que tiene este año para trabajar tres meses en una fundación de arte europea, donde van a filmar cómo se hace este arte que nace con los obreros, los campesinos y el territorio.