CONDUCE: Matilde Burgos
Samy Benmayor: Una vida de amor al arte | CNN Íntimo
Benmayor abre mostrando el espacio donde pasa el día entero: una fábrica vieja que la arquitecta Elodie Fulton transformó, y que él celebró durante seis meses admirando la ventana, las proporciones, las vigas. Cuenta que puede trabajar en cualquier parte y adaptar la escala de su obra al espacio disponible, que su rutina arranca después de almuerzo y se estira hasta la noche, y que hoy pinta solo o con un asistente, a diferencia de los años en que compartía taller una vez por semana con Bororo, Pablo y Matías, pintando y conversando todos juntos. El cambio de folio que acaba de cumplir da paso a un balance con humor —sus hijos le armaron una presentación con la historia de su vida— y a una reflexión sobre por qué a los artistas les cuesta tanto madurar y por qué el niño interno sigue ahí. Recorre también los inicios de su generación, cuando una galerista apostó por ellos convencida de que aquello iba a ser algo aunque no valieran nada todavía, y una exposición en el extranjero que recuerda con emoción, incluida la mañana en que salieron a caminar sin hablar de arte. La parte más personal es la de su origen: es hijo de migrantes que huyeron de la guerra, salieron de Estambul, pasaron por Italia bajo las leyes raciales y llegaron a Chile en 1940; y su padre murió cuando él tenía dos años. De ahí sale la frase que ordena el capítulo: el arte como única salvación, lo que permite sobrevivir. Cierra hablando de sus dos hijos y tres nietos, de cómo cada nacimiento lo volvió a mover, y de lo que intentó transmitirles.