CONDUCE: Matilde Burgos
CNN Íntimo | Jorge Bofill: Entre casos, tribunales y debate público
Bofill parte por lo que lo conquistó de la profesión: la interacción con las personas y el hecho de que cada problema exija una solución distinta, porque en el derecho no hay moldes. Distingue la justicia como ideal —un valor al que no hay que renunciar porque guía la conducta— de la tarea concreta del Poder Judicial, que es entregar una solución correcta al problema que se le somete. La conversación recorre la genealogía familiar: conserva en su oficina la placa de su abuelo, el primer abogado de la familia y también llamado Jorge Bofill, que alguien encontró en un anticuario de Valparaíso y le regaló, junto a una fotografía de 1942 con todos los abogados de la plaza Aníbal Pinto y los títulos de su padre y su abuelo colgados al lado del suyo. Cuenta que no siempre quiso ser abogado —por contrera pensó en medicina—, que empezó a trabajar en la oficina de su padre en 1979 y que fue ahí, y no en el estudio académico, donde el oficio lo atrapó: para entender el problema de un cliente hay que entender lo que ese cliente hace, de modo que la carrera obliga a un aprendizaje permanente sobre la vida. Recuerda con humor sus primeros litigios y los tropiezos de principiante. En la segunda parte entra en el terreno más expuesto de su trabajo: explica que no todos los casos le dan lo mismo y que nunca ha defendido a un traficante de drogas, entre otras razones por el cuidado que hay que tener con el origen de los honorarios; y aborda su defensa de Julio Ponce Lerou, sosteniendo que la persona que él conoce no es la del imaginario colectivo y detallando el fallo del Tribunal Constitucional que dejó sin aplicación la norma con que la Superintendencia lo había sancionado. Sobre cómo se recibe eso en la opinión pública, dice que a estas alturas ya no le genera nada.