CONDUCE: Matilde Burgos
CNN INTIMO: Aurelio Montes
Ingeniero agrónomo enólogo de la Universidad Católica, Montes cuenta que en su promoción apenas tres de más de cuarenta compañeros eligieron enología, en plena euforia exportadora de la fruta chilena, y que esa decisión le confirmó que lo suyo era estar fuera del piño. Recuerda su primer trabajo, doce años como enólogo en una viña donde le entregaron toda la enología el día uno, una semana después de dar su último examen y con cero experiencia; y cómo esa primera vendimia le enseñó, sobre todo, qué evitar. El relato central es el de Apalta: visitó ese valle a los 21 años por encargo de su jefe, quedó enamorado de su potencial y se prometió tener aunque fuera un metro de esa tierra; le tomó unos 35 años lograrlo. Cuando finalmente compraron la propiedad había manzanos y perales, los arrancaron para plantar viña, y desde la primera cosecha los vinos se mostraron elegantes y finos, exactamente el segmento alto y exportador al que apuntaban. Explica por qué se atrevió a plantar en las laderas de los cerros —algo que había visto en sus viajes a Europa y que en Chile nadie hacía porque es caro y complicado— y la lógica detrás de esa decisión: suelos con poca materia orgánica y mucha piedra, donde la planta no crece demasiado, porque, dice con humor, le gustan las viñas un poquito tristes, que son las que dan uvas de calidad. Recorre también las cepas que conviven hoy en el valle, desde Cabernet Franc y Petit Verdot hasta Touriga Nacional y Garnacha, y el carmenere que tiñe de rojo el paisaje en esta época del año. Todo enmarcado en un contraste con el Chile de sus inicios, cuando no se hablaba de valles ni de cepajes y el vino era simplemente tinto o blanco.