CONDUCE: Matilde Burgos
CNN Íntimo: Lucía Newman
Desde los años ochenta no hay hecho relevante en América Latina que Lucía Newman no haya cubierto, y en esta conversación reconstruye cómo llegó ahí. Cuenta que el periodismo la marcó desde antes de nacer —fue Walter Cronkite quien presentó a sus padres—, que nació en Londres, que el golpe de 1973 le cerró el colegio en Chile y terminó estudiando en Australia, y que el país al que siempre volvió como base es este. Habla del costo personal de una vida en estado de alerta permanente: las cenas canceladas, los cumpleaños a los que no llegó, las navidades lejos. Repasa sus años de corresponsal en Centroamérica en plena Guerra Fría, la entrevista que consiguió disfrazándose para acceder a un militar escondido en Panamá, y el atentado del Cartel de Medellín en el hotel Tequendama, en Bogotá, donde murieron dos personas en el mismo pasillo. Reflexiona sobre la adrenalina que hace creer al reportero que no le va a pasar nada, sobre las amenazas que la llevaron a temer por su familia más que por sí misma, y sobre camarógrafos con experiencia en combate que no volvieron. Un tramo largo está dedicado a Cuba, que conoce como pocos: el intento de mostrar el país como es, su relación con un poder al que le gustaba que le hicieran preguntas difíciles, los casi setenta años de intentos de Estados Unidos por derribar ese gobierno, y su convicción de que sin levantar el embargo no hay cambio posible. Cierra con su lectura del giro político de América Latina, su defensa de lo que Naciones Unidas debería ser, la dificultad de ser imparcial siendo persona, y la entrevista que todavía le falta: el Papa.